sábado, 6 de abril de 2019

LOS BACHARACH, VÍCTIMAS DEL NAZISMO EN VALENCIA.

El Dr. Karl Bacharach nació en Fürt (Alemania) el 14 de Febrero de 1885. Comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Ludwig-Maximilians-Universität de München en 1904 y los completó en Erlangen, donde se doctoró en 1909. Luego se especializó en radiología en Heidelberg. Trabajó un breve periodo de tiempo en el Hospital Municipal de Fürth antes de regresar a München y dedicarse a la radiología por completo.

El 21 de Julio de 1921 contrajo matrimonio, en München, con la Dra. Franziska Kleinhaus, nacida en Rzeszów (Polonia) el 1 de febrero de 1891. Los Kleinhaus llegaron a Alemania huyendo de los pogromos de Galitzia.
El 29 de diciembre de 1922, la pareja tuvo a su primer hijo, Wolfgang Jakob. Su hermana Stefanie Johanna completará la familia el 25 de diciembre de 1927.
La familia gozaba de una buena posición social, vivían en una bonita mansión y poseían un notable patrimonio. Las cosas les iban mejor que bien.

Todo se empezó a torcer en 1933, cuando Adolf Hitler fue nombrado Canciller Imperial (Reichskanzler) y se complicó un año más tarde, cuando se autoproclamó Führer, tras la muerte de Paul von Hindenburg. 
La situación acabó siendo insoportable el 15 de Septiembre de 1935 con la instauración de la Leyes de Núremberg (Nürnberger Gesetze). Con ella se empezaron a clasificar a judíos. No se trataba de la religión que profesasen, si es que profesaban alguna. Se trataba de una persecución racial.  Pasanron a ser una "raza extraña". 
Citaré algunas medidas que se tomarán con la nueva ley como ejemplo, aunque hay muchas más:
Los médicos "nacidos en Alemania" no podrán transferir pacientes a médicos "extraños". 
Los médicos judíos no podrán ampliar su formación. 
Los judíos no podrán solicitar tratamiento de un médico alemán.

Pero lo peor estaba por llegar: el 25 de julio de 1938 se aprobó la cuarta Ordenanza sobre la Ley de Ciudadanía del Reich, donde se anunció lo siguiente: "Bestallungen jüdischer Ärzte erlöschen am 30. September 1938 ". Es decir: A partir del 30 de Septiembre de 1938 los judíos tendrían prohibido ejercer la medicina. No tuvo un gran impacto, ya que de los más de 8000 judíos médicos que había en Alemania en 1933, antes de que Hitler sea Canciller, solo quedaban menos de 800 en activo. Se aprovechó la oportunidad para estigmatizar a médicos políticamente disidentes, aunque no fueran judíos. Los que llegados a este punto no consiguieron huir, acabaron en un campo de concentración o asesinados en campos de exterminio.

Se han realizado varios estudios sobre el tema. Uno de los más destacados comenzó en el año 2010, cuando la Sociedad Radiológica Alemana (DGR) encargó al Dr. Gabriele Moser, un historiador de la medicina de la Universidad de Heidelberg, un proyecto que explorase la historia de la Sociedad Radiológica Alemana durante la era de la dictadura nacionalsocialista. La Sociedad Alemana de Oncología Radioterápica (DEGRO) se unió al proyecto en el año 2012 debido al pasado compartido de la DRG y la DEGRO. La extensa investigación del proyecto rastrea el uso criminal de la radiación al servicio del fanatismo nacinalsocialista sobre la raza, al tiempo que documenta las carreras de sus científicos y profesionales. Incluye una lista conmemorativa compuesta (hasta el momento) de 165 médicos con formación radiológica que fueron discriminados, privados de sus derechos y perseguidos por su identidad judía. El Dr. Karl Bacharach forma parte de dicha lista.

Para entonces la familia Bacharach ya no estaba en Alemania... ni viva.
Los Bacharach consiguieron salir de Alemania y llegan a Zürich (Suiza) el 26 de Noviembre de 1935. Inmediatamente después vinieron a España y se instalaron durante unas semanas en Busot (Alicante) antes de fijar su residencia definitivamente en Valencia. Emil y Dora, los dos hermanos de Franziska también eran médicos. Emil ya hacía un año que había consiguió huir a Palestina. Dora pasó situaciones muy difíciles hasta que en 1939 logró poner rumbo a EE.UU.
El Dr. Karl Bacharach tenía 6 hermanos. Uno de ellos, Hugo Bacharach, residía en Valencia desde 1907 desarrollando una actividad comercial e industrial con resultados excelentes. Primero en solitario, luego con un socio llamado León Meyer con el que estableció uno de los más prósperos comercios de semillas, granos y legumbres, con un gran volumen de importaciones y exportaciones. Esta sociedad sufrió un devastador incendio en su almacén de 1700 metros cuadrados, de reciente construcción, en 1916, del que consiguieron reponerse gracias a las 300.000 pesetas de la época que recibieron, en concepto de indemnización y en menos de un mes, de la compañía aseguradora británica Sun Insurance Office.
En 1927 se fundó la empresa La Yutera Española S.A., dedicada a la fabricación de sacos destinados a la industria agrícola. Hugo Bacharach, accionista y socio fundador se hizo con la dirección. La Yutera Española fue la más importante en su sector, empezó con 300 empleados y en 1931 ya rondaban el millar. Estuvo activa hasta los años 80 y durante décadas fue el principal motor económico de Foios, localidad donde estaba instalada la fábrica y donde Hugo Bacharach tiene dedicada una avenida. Las oficinas se ubicaron en la calle Conde de Salvatierra de Álava nº 6, en Valencia. En dichas oficinas se ejecutó con éxito, en 1932, un espectacular atraco, a las cinco de la tarde y a punta de pistola, por cuatro individuos que en un principio se hicieron pasar por huelguistas con intenciones de negociar (la empresa vivía por aquel entonces un delicado conflicto laboral) y que huyeron a tiro limpio. El botín varía entre las 10 y las 50 mil pesetas de entonces, dependiendo del medio informativo consultado.
El Dr. Karl Bacharach no participó ejecutivamente en los negocios de su hermano, pero si económicamente (era uno de los socios fundadores y mayores accionistas de La Yutera Española y, por tanto, uno de sus propietarios).
Curiosamente existe el cuento que el complejo industrial de La Yutera etá encantado y por el mismo campan los fantasmas a sus anchas. Pero lo que realmente da miedo es, como parte de esa farándula, se cuenta que Hugo Bacharach era amigo de Hitler con desmedida inconsciencia. Obviamente no se apuntan ninguna fuente que sustente tan ridícula afirmación. Ridícula afirmación porque cuando Hugo Bacharach abandonó Alemania, Hitler aún no sabía ni atarse los cordones de los zapatos. Y ridícula afirmación porque Hugo Bacharach era judío, hermano de otros judíos a los que Hitler martirizó, como Karl.

El Dr. Karl Bacharach consiguió huir con vida de Alemania, pero no ha salió indemne: sufría un gran deterioro emocional y tenía tendencias suicidas.

El 14 de Diciembre de 1935, cuando no hacía ni un mes de su llegada, se intentó quitar la vida mediante la ingesta de una gran cantidad de medicamentos en los Baños de Busot. En esa ocasión lograron salvarle la vida. Primero fue conducido a la Casa de Socorro donde le practicaron los primeros auxilios y posteriormente fue ingresado en la clínica del Doctor Gascuñana.
El domingo 21 de Junio de 1936, por la mañana y como hacían todos los domingos desde que residían en Valencia, los Bacharach fueron a El Saler a pasar el día, regresando tarde, cenando tranquilamente y retirándose a descansar. La chica que tenían de servicio se levantó el lunes día 22 a las 6 de la mañana y se puso a realizar sus tareas sin advertir nada extraño. A las nueve de la mañana fue a despertar a los niños, observando que estos no estaban en su habitación. Se dirigió al dormitorio del matrimonio llamando a la puerta con los nudillos sin obtener respuesta. Se asustó y fue a buscar ayuda. Cuando regresó acompañada de un grupo de diversas personas se percataron que la puerta del dormitorio estaba cerrada por dentro y que emanaba un fuerte olor a gas. Decidieron forzar la cerradura y se encontraron los cadáveres de los cuatro miembros de la familia en la cama. Las rendijas de las puertas y ventanas estaban obstruidas con paños y toallas. El Dr. Karl Bacharach tenía agarrado un tubo de goma que estaba conectado con el calentador de gas del cuarto de baño contiguo. El Dr. Karl Bacharach dejó unas cartas dirigidas al juez, escritas en alemán, cuyo contenido no transcendió. 
Cruel y sarcásticamente, los Bacharach perecieron como otros tantos judíos víctimas del nazismo: gaseados.
La prensa achacó la tragedia al hecho que el Dr. Karl Bacharach tuvo que abandonar su país de origen y no podía volver debido a extrañas circunstancias. En España no se entendía muy bien lo que le había tocado vivir a esta y otras familias. Por desgracia, en menos de un mes lo iban a empezar a entender todo perfectamente. 

El Dr. Karl Bacharach adquirió una tumba en el Cementerio Judío de München, que aún a día de hoy permanece vacía. Fue enterrado, junto a su malograda familia, en el Cementerio Protestante Británico de Valencia. 

1821: FIEBRE AMARILLA EN BARCELONA. 20000 MUERTOS Y UN TESTIGO.

La epidemia de fiebre amarilla que asoló Barcelona en 1821 es un tema tratado y de sobras conocido. No hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar algún artículo que nos explique detalladamente lo que pasó y dejo de pasar.

Harina de otro costal es encontrar a un ciudadano de a pie que nos cuente su versión, que nos diga como (sobre)vivió la ciudadanía esta hecatombe. Un testigo directo. No habrá muchos, pero haberlos haylos.

Andreas Zinke estuvo y allí y vivió para contarlo. Nacido en Langenau (Chequia) el 12 de mayo de 1801, era hijo de un industrial textil. Su buena predisposición le facilitó una oferta para formarse en una prometedora carrera como cocinero de cristal de Bohemia en Holanda que acabó rechazando para no darle un disgusto a su madre, más predispuesta a ver partir a su hijo hacia Italia o España. La mujer se acabó saliendo con la suya y Andreas llegó a Barcelona en 1816, con tan solo 15 años.

Zinke no fue feliz en la Ciudad Condal. Con un escenario de fondo que presentaba una urbe asfixiada por su propia muralla, lo que comportaba problemas de salubridad e higiene, padeció el desengaño laboral: ante la mucha competencia, no atesoraba la suficiente destreza como para destacar entre hornos y cristales. Estuvo a punto de desistir y volver a su tierra natal, a hacerse cargo de de la fábrica textil de su progenitor. Pero sus propios padres le alentaron a que persistiera y no volviera con la idea del fracaso en su cabeza. El chico se reinventó, revelándose como un hábil mercader, lo que le abrió un nuevo horizonte laboral donde prosperó notablemente. Pero en Barcelona también le tocó vivir, en los 7 años que residió, el Trienio Liberal, la Guerra Realista y la mencionada epidemia de fiebre amarilla, por lo que cuando la oficina mercantil para la que trabajaba se trasladó a Valencia en 1823 se largó encantado de la vida.

Zinke residió felizmente en la capital del Turia hasta 1866. Tres años antes la firma para la que trabajaba, la Kreysler Kreybig y Cía., había dado de si todo lo que tenía que dar, por lo que fundó, junto a un compañero y paisano, la fábrica de cerveza La Alemana.

Ya fuera porque a Zinke le detectaran una dolencia o porque intuyera cerca el fin de sus días, a finales de 1866 el checo hizo la maleta a la vez que se deshacía de su participación en La Alemana y volvió a casa. Poco le importó volver a un sitio al que realmente nunca había estado. ¿Qué podía quedar del Langenau del que partió medio siglo atrás? ¿Cómo le recibiría una población que tan solo unos meses antes había perdido la guerra contra Prusia? Ni se lo planteó. Andreas había visto a muchos compañeros morir lejos de su hogar. Era una idea que le entristecía y le perturbaba, por lo que tomó la decisión de acabar su vida donde la empezó.

Andreas Zinke falleció donde quiso, en Langenau, el 6 de julio de 1869. Pero antes de expirar tuvo tiempo de escribir su autobiografía, dedicando un capítulo a la epidemia de fiebre amarilla que azotó Barcelona en 1821. Este es el testimonio que Andreas Zinke dejó escrito de aquellos acontecimientos:

En el verano de 1821 se desató la terrible enfermedad de la fiebre amarilla, que duró cuatro meses. Más de 20000 personas murieron víctimas de la epidemia. Durante ese tiempo hubo un paro total en los comercios, la tienda se cerró durante tres meses y se prohibió la libre circulación de las personas.
Estos hechos, y las condiciones políticas de España que estaba cerca de una guerra, hicieron que posteriormente los directores acabaran desmantelando esta sucursal y enviaran todas sus existencias a Cádiz, Valencia y Sevilla.

De ese terrible mal (la fiebre amarilla) se informó al poco tiempo que fue traída por un barco arribado de América, perteneciente a un comerciante de Barcelona. Dado que ese comerciante actuó como magistrado ese año, a ese barco no se le impuso la cuarentena legalmente establecida.


La enfermedad se manifestó inicialmente en los barcos atracados recientemente en el puerto. Sin embargo, al mismo tiempo se propagó por el barrio de la Barceloneta, de modo que hubo que aislarlo y cerrar la comunicación con el puerto. Pero estas, así como todas las demás medidas sanitarias, que se aplicaron de inmediato, no fueron suficiente para combatir el germen de la enfermedad, que ya se había extendido por toda la ciudad. A pesar del hecho de que el puerto y la Barceloneta se habían aislado de inmediato, pronto se produjeron varias muertes fuera de estos lugares.


Toda la guarnición militar, formada por varios regimientos de infantería y un regimiento de caballería, dos batallones de artillería a pie y un escuadrón a caballo, etc. tenían que marchar por el cordón sanitario, que se trazó por una milla española alrededor de la ciudad, desde la orilla de un río en la parte oriental, atravesando una cordillera, hasta la orilla de otro río más al sur, incluyendo siete pueblos.


La Milicia Nacional tenía que proporcionar los servicios de la ciudad. Las autoridades ordenaron construir alrededor de 1000 barracones en Montjuich, cada uno de los cuales estaba destinado a una familia de 7 a 12 personas, como si fuera una ciudad y emulando la Plaza de la Constitución, equipadas con una iglesia, dos farmacias, varias tiendas de provisiones y bodegas de vino. Un magistrado, junto con algunos curas, alguaciles y serenos mantuvieron el orden.


Estos barracones, sin embargo, estaban reservados para la clase popular más pobre, mientras los ricos iban a masías y las clases medias se refugiaban en las granjas de las aldeas. Finalmente, en las aldeas se llegaron a pagar 4 fl Konv. M. a la semana solo para poder dormir bajo techo. De esta forma, fue posible refugiar a la mitad de la población en zonas rurales, donde hubo muy pocas muertes. Más tarde, entre los habitantes restantes, desde el inicio de la epidemia, murieron más de 300 personas por día, en un número creciente de casos. Nuestro barrio había sido el más afectado, con muertos en casi todos los hogares. En medio de todo esto, y como testigos presenciales de estos terribles eventos, nos salvemos, sí, gocemos de buena salud. Fuimos una rara excepción, y la consideré como una protección especial del cielo. 


Tan pronto como se descubrió la enfermedad, el gerente de la tienda compró todo tipo de provisiones, disminuyendo así el trato con las personas. Unos días después, cuando se reportaron varias muertes en la ciudad, siguiendo el ejemplo de otros, la tienda se cerró indefinidamente. El interior de la casa se limpiaba todas la mañanas con humo de pólvora y se rociaba el suelo con vinagre de vino antes de abrir las ventanas. Tan pronto como salía el sol, íbamos a las afueras de la ciudad hasta el atardecer. Aquí también fuimos testigos presenciales de los numerosos cadáveres llevados a las puertas de la ciudad. Allí, los cargaban en grupos de entre 8 y 12 cuerpos, con y sin ataúd, en carros que los llevaban al cementerio.


Cuando en el mes de septiembre el número de muertes superó las 300 por día, varios de los intrépidos hombres que habían permanecido en la ciudad hasta el momento, se pusieron nerviosos repentinamente, entre ellos nuestro gerente, quien declaró que ya no quería vivir en la ciudad. Acudió a un amigo suyo del pueblo de San Gervasio, un campesino con el que frecuentemente solía cazar, para pedirle asilo. Este, que ya había alojado a varios compañeros en su casa, le dejó su propio compartimento para dormir. Así, en el interior de la casa, tomemos posesión de nuestra nueva habitación y conseguimos mantas y ropa. Aunque San Gervasio estaba dentro del cordón sanitario, la autoridad local también había tomado medidas para dificultar el acceso de foráneos. Para ser aceptados en el pueblo, tuvimos que someternos a una cuarentena en una capilla en ruinas, que se encontraba en una montaña al lado del pueblo. Durante cuatro días y cuatro noches usemos nuestras ropas para acampar. Esa aventurera impuesta sirvió de diversión para los habitantes de esa zona. Nos turnábamos con la escopeta cada dos horas para asegurar nuestra integridad y pertenencias. Como nuestro improvisado campamento no tenía puertas y era tan grande, teníamos una fogata, alimentada con carbón, encendida día y noche.


Después tomamos posesión de nuestro apartamento en el pueblo, resolvimos que mi colega y yo iríamos diariamente a la ciudad, clandestinamente, para ventilar la casa, que estaba bajo la supervisión de algunos vecinos y los dos serenos, durante unas horas, alimentar a las palomas y atender de las otras órdenes del gerente. Ni el posadero ni el jefe de la aldea, con quienes tuvimos contacto diario, sabían de esto, especialmente porque hicimos estas salidas con nuestros enseres de caza, de modo que no sospechaban nada. A mediados de octubre, con la mortalidad diaria reducida de 30 a 20, regresamos a casa después de pasar un mes acampando en el campo. La casa fue encontrada en las mismas condiciones en que la dejamos. Aunque más de la mitad de las casas estuvieron vacías durante tres meses, no se produjo un solo robo. Si dos tercios de la  población de la ciudad no hubiera huido, el número de víctimas que habían contraído esta enfermedad habría excedido el doble de víctimas. Las diversas medidas cautelares del servicio médico merecían un reconocimiento digno de elogio en ese momento, porque fueron en beneficio de la humanidad.

A principios de noviembre, cuando la mayoría de los emigrantes habían regresado a la ciudad, la vida empresarial comenzó gradualmente a tomar su curso habitual. Aunque hubo una brecha importante en el trasiego de personas durante las primeras semanas, se recuperó a la siguiente primavera debido a la importante inmigración que llegaba de las zonas rurales, huyendo de un escenario bélico. Sin duda, muchas familias se sintieron profundamente afligidas durante mucho tiempo por la pérdida de sus seres queridos.

Andreas Zinke.

domingo, 24 de marzo de 2019

BAVARIA BRAU B.B.G. S.L., EL GÉNESIS DE LA CERVEZA ARTESANAL VALENCIANA

          21 de noviembre de 1996. Son las 7 de la tarde (o las 19 horas, como prefieran). Chimo Pardo y Alejandro Valiño se cuelan en el número 7 de la valenciana calle de Correos. Hace ya un tiempo que ambos actúan como reporteros de Celce Magazine, contando sus experiencias vividas en las distintas cerveceras de la ciudad. Las crónicas están salpicadas de una retórica jurídica que delata la autoría de Valiño.
       
          En esta ocasión los intrépidos reporteros no van solos. Les acompañan José Sanz, José Bonet y Pascual Merita, en su primera época como presidente de Celce. El local en cuestión ha abierto sus puertas hace apenas una hora... por primera vez. Es la fiesta de inauguración del Beer Factory. No es una cervecería normal, no es un acontecimiento ordinario: El Beer Factory es en realidad la sede de Bavaria Brau B.B.G. S.L.. O lo que es lo mismo: es un local destinado a servir la cerveza que allí mismo se elabora. O lo que es lo mismo: acaba de nacer la cerveza artesanal valenciana.

Invitación a la inauguración del Beer Factory. Fuente: Celce Magazine nº 9. Febrero de 1997.

          El local, que cuenta con una altura de 7 metros, está totalmente climatizado y cuenta con espaciosos aseos adaptados para personas con discapacidad (en un tiempo en que ninguna legislación te obliga a ello). En la sobria decoración destacan los coloridos azulejos. El mobiliario principal, separado de la barra por una verja, es de mimbre. Al fondo tiene unos asientos corridos de color verde. La unidad empleada en la fabricación de la cerveza, que es capaz de producir 150 litros diarios,  cuenta con 2 tanques de cocido, 3 tanques de fermentación y una cámara fría donde almacenar los barriles. En un tiempo en el que el término artesanal, amén de la calidad, estaba más ligado a los métodos de elaboración que al volumen de producción, la cerveza tenía una perecibilidad de entre 6 y 8 días, dependiendo de la levadura empleada. La primera cerveza en servirse es una pilsen que a los celciacos se les antoja muy afrutada, agradable y escasa de carbónico.

          El comando Celce, coleccionistas empedernidos, busca su botín de guerra. El Beer Factory cuenta con cristalería, jarras de porcelana y posavasos personalizados. Algún posavasos desaparecerá. No pasará lo mismo con las jarras de porcelana, dada la negativa de Francisco, el culpable de esta historia, ante las insistentes peticiones de los jóvenes. Pascual Merita está tan absorto en dichas jarras que es captado en una fotografía donde Francisco atiende a los chicos de Celce, mientras el presi, totalmente ajeno a la situación, parece plantearse la posibilidad de afanar una de estas piezas de porcelana mientras la observa, completamente hipnotizado. No lo hará.
Fotografía de la inauguración del Beer Factory. De izquierda a derecha: José Sanz, Francisco Quiles (propietario del Beer Factory), Alejandro Valiño, Chimo Pardo, José Bonet y Pascual Merita (detrás de Bonet, "metiéndole mano" a una jarra. Fondo, y por cortesía, de Alejandro Valiño.
Fotografía de la inauguración del Beer Factory. De izquierda a derecha: Alejandro Valiño y Pascual Merita, con los tanques de fermentación detrás. Fondo, y por cortesía, de Alejandro Valiño.

          El bonito sueño del Beer Factory duró un año y medio antes de cerrar sus puertas para siempre. No pudo alcanzar el éxito, pero le enseñó el camino a seguir a todas las que vinieron detrás, algunas de ellas ya plenamente consolidadas.

          La primera cervecera artesanal de Valencia bien merece tener, cuanto menos, su historia plasmada en este blog. No se me ocurre nadie mejor para que me la cuente que Francisco, su protagonista. Encontrar a esta leyenda viva no ha sido fácil, he tardado 8 meses en dar con él.

          Localizo a Francisco Quiles Parreno, nacido el 5 de diciembre de 1963 y de origen valenciano, en el mismo sitio donde pasó su juventud: en París. Me atiende en un perfecto castellano con un meloso acento galo. Su voz es pausada, tranquila y serena. Me cuenta que vivió una juventud inquieta, plagada de viajes, y exprimiendo el significado del concepto emprendedor.
          La idea de enrolarse en la fabricación artesanal de cerveza surgió en el seno de la compañía belga Packo, con filial en Francia, más especializada en el mundo de la leche que en el de la cerveza. Ellos fueron los encargados de su formación y de fabricar la maquinaria que se iba a emplear. Debido a la todavía escasa demanda, el mercado contaba con pocas empresas especializadas en este sector. La primera aventura cervecera le llevó a Japón, donde no pudo ni debutar ya que la maquinaría no cumplía la legislación del país del sol naciente.
          En la negativa nipona, Francisco encontró la solución a un deseo personal: quería volver a su Valencia natal y necesitaba un medio de vida para hacerlo. En la legislación española si tenía cabida su iniciativa cervecera. De hecho, ya había algunas micros funcionado.
          Francisco retornó a Valencia en 1995 y se puso manos a la obra. Una obra que tardó dos interminables años en concluir. Se encontró con innumerables contratiempos que fueron retrasando la ansiada apertura. En una ciudad en la que no falta agua para beber pero tampoco sobra para regar campos de golf, dotar a la fábrica de la infraestructura necesaria para abastecerla de este elemento indispensable le lleva 8 meses.
          Durante este impase, Francisco no se queda de brazos cruzados. El 23 de octubre de 1996 solicita registrar Beer Factory como marca comercial, pero su solicitud queda suspendida el 5 de marzo de 1997 al estar dicha marca compuesta exclusivamente de indicaciones descriptivas de características de productos y/o servicios que pretende distinguir. El 1 de noviembre de 1996 da de alta Bavaria Brau B.B.G. S.L. en el Registro Mercantil de Valencia con el objeto social de la explotación de todo tipo o clase de negocios relacionados con el sector económico de la hostelería y la restauración alimentaria, muy especialmente los de cervecería, cafetería y bar. Y la elaboración de cerveza para el consumo de sus propios negocios. Francisco Quiles también aprovecha para presentarse en sociedad. De esta actividad guarda un especial recuerdo de su visita a la primera cervecera artesanal que se abrió en España. Se trata de Naturbier, inaugurada en 1986 en la madrileña Plaza de Santa Ana y tristemente cerrada desde hace poco más de un año tras pasar por distintas etapas. Tenían un maestro cervecero alemán muy bueno, excelente... dice Francisco con reverente voz (se refiere al incombustible Alex Schmid, que tras pasar por Naturbier recaló en Naparbier y que actualmente está detrás de La Pepa).
          Una vez abierto el Beer Factory, Francisco tuvo que combatir otro tipo de dificultades: En Valencia no existía ningún tipo de cultura cervecera. La gente no entendía que no podía ofertar mi cerveza al mismo precio que las industriales, ese margen comercial no era viable para mí. 
          A pesar de todo, consiguió vencer la reticencias iniciales y hacerse con una clientela fiel: la cervecería funcionaba muy bien, la gente no venía solo una vez, salían contentos y siempre volvían. El local se llenaba.
          Pero entonces ¿qué fue lo que falló, por qué no prosperó el Beer Factory? La respuesta se haya a 1500 kilómetros de distancia de la calle de Correos, en la ciudad belga de Diksmuide. Packo eran unos novatos en el mundo cervecero, pero las novatadas las acabó pagando Francisco Quiles: tuve muchos problemas técnicos y 3 averías serias. Cada avería era fatal para el negocio. Aun así en las dos primeras me enviaron a los técnicos y pude seguir pero con la tercera avería se desentendieron, no enviaron a nadie y me dejaron solo. 
          Ante este panorama, Francisco Quiles se vio obligado a cerrar el Beer Factory después de las Fallas de 1998. Un triste final para una historia tan bonita.
Posavasos de Bavaria Brau B.B.G. - Beer Factory. Fuente: Birrapedia.

          En la actualidad, Francisco Quiles está totalmente desvinculado del mundo cervecero: aquella experiencia me dejó muy frío, no tenía espíritu ni capacidad para volverlo a intentar. Ahora intenta ganarse la vida como escritor escenarístico, guionista de webseries y adaptando libros, aunque confiesa que no consigue lograr la remuneración necesaria para subsistir con esta actividad. Se deja ver poco por Valencia. Le pongo un poco al día sobre la actualidad de las cerveceras artesanales valencianas, le cuento que algunas han triunfado y que han tenido que ampliar sus instalaciones y que sus cervezas ya se encuentran hasta en los lineales de los supermercados, pero que muchas otras también se han quedado en el camino y que la competencia es dura. No le sorprende: se veía venir, algún día esto tenía que pasar. ¿Cree Francisco Quiles que hubiera conseguido hacerse un hueco en el actual panorama cervecero artesanal de Valencia?: (Su tono se vuelve más enérgico y el timbre de su voz más grave, pero contesta sin llegar a la vehemencia) Si, claro. ¡Mi cerveza era muy buena! Le pregunto si se considera un adelantado a su tiempo y si cree que eso le perjudicó: si, claro, yo tuve que cargar con todos los inconvenientes de ser el primero. Pero es algo contra lo que no puedo luchar. Simplemente pasó así y me tocó a mí, para bien y para mal. Le pregunto que fue del material personalizado de Bavaria Brau, objeto de deseo de todo coleccionista, pero desafortunadamente no conserva nada. Ni siquiera alguna fotografía que ayude a ilustrar esta historia: puede que algún amigo conserve algo, yo no tengo nada. Ni los tanques, se los quedó una cervecería alemana que está cerca de la Guardia Civil de Benimaclet (puede que se refiera al Bierwinkel que había por allí), pero no los sabían usar y los tenían como decoración. (efectivamente, a los pocos días me pone en contacto con un amigo que facilita amablemente unas fotos de alguna pieza de la que no tiene ninguna intención de desprenderse, para mi desconsuelo). Pero sigo sin encontrar ninguna fotografía, ni siquiera la original que sirvió para ilustrar el recurrido número 9 de Celce Magazine, del que he tenido que echar mano.
          Me despido de Francisco Quiles con una última petición: convencido de la deuda que Valencia tiene con él, todavía no asumida, decido abonar mi parte, por lo que le suplico que me avise cuando visite Valencia y me deje invitarle a la segunda mejor cerveza artesanal de la ciudad (la primera era la suya y ya no se elabora) y conocerlo en persona. Todo un honor. Le deseo suerte, pero de la buena.
Jarra de porcelana personalizada para Bavaria Brau B.B.G., propiedad de un amigo de Francisco Quiles.

          Si en lo que fue la madrileña Naturbier ahora hay instalada una franquicia de una cadena de fast food, los valencianos no íbamos a ser menos: el 7 de la calle de Correos alberga una franquicia de una cadena de comida italiana. Con todos mis respetos a este tipo de establecimientos, quizá en algún momento tengamos que pararnos a pensar que tipo de vecino queremos en nuestros barrios y que tipo de negocios deseamos en nuestras calles. Yo lo tengo claro: no me quedo con Packo, pero si con Paco, con Francisco Quiles... y con su cerveza.

MIS AGRADECIMIENTOS A:

✩ Pascual Merita Trénor: Presidente de Celce. Valencia.
✩ José Ramón Sanz Climent: Coofundador  de Birrapedia. Valencia.
✩ Alejandro Valiño Arcos: Catedrático de Derecho Romano de la Universitat de València. Socio de Celce. Ex-reportero de Celce Magazine.

Y MUY EN ESPECIAL A:

✩ Francisco Quiles Parreno:
Pionero en la fabricación de cerveza artesanal en Valencia. París (Francia).

domingo, 24 de febrero de 2019

SOY LÁZARO CAYOL, SOY LEYENDA

Lázaro Cayol es una leyenda de la cerveza valenciana. Es una leyenda porque, a pesar de los años transcurridos, su apellido sigue siendo una de las firmas que más años ha estado vinculada a la fabricación de cerveza en la capital del Turia. Es una leyenda porque mucha gente, de ahora y de antaño, le consideran el pionero de la fabricación de la cerveza en Valencia (a pesar que anteriormente ya hubo otros como José Lagarda, Francisco Scheli o su antecesor Luis Alegre). Pero también es una leyenda porque una leyenda es, a grandes rasgos, una narración imprecisa entre lo verídico y lo ficticio, tal cual como la historia que nos ha llegado de Lázaro Cayol hasta nuestros días.
Hasta cuatro obras de mi humilde biblioteca citan, de alguna o otra forma, a este mito cervecero. De alguna de estas publicaciones se hizo eco mi queridísimo Javier Calvo, siempre presente ante cualquier vestigio cervecero de ámbito nacional, siempre excelente; pero también siempre expuesto, desde su residencia oriolana, a fuentes indirectas. Pero no se engañen, de sus polvos vienen mis lodos.
Hasta cuatro libros de mi colección les decía (y otros tantos que no conoceré) refieren a Lázaro Cayol y aun así sus notas biográficas, y las de sus descendientes, no están exentas de lagunas, omisiones y errores. De las omisiones y errores daré cuenta. Las lagunas permanecerán y aun sumaré alguna otra, pero intentaré que no sean ni muy profundas ni muy salobres.

SU ORIGEN
Origen. Todos tenemos uno, incluso Lázaro Cayol. Pero el suyo no nos lo han contado. No lo verán publicado por ningún sitio. Adelanto ahora que para averiguar los devenires de la vida y obra de Lázaro Cayol ha sido imprescindible sumergirme en un estudio genealógico, en orden ascendente, de los rastros dejados por nuestro cervecero en el Registro Civil Provisional (1840-1870) impulsado por el jurista sevillano Manuel Cortina y que en la ciudad de Valencia se conservan en nuestro Archivo Histórico Municipal. Estos me llevaron a los registros civiles franceses, que en muchos casos están digitalizados y se pueden consultar on line. Evidentemente, no han sido las únicas fuentes consultadas, pero su información ha sido vital ya que proporcionan fechas, lugares y ocupación del protagonista de nuestra historia. Es una suerte que Lázaro y Victoria, su esposa, no perdieran el tiempo en sus rutinas maritales: tuvieron 8 hijos. 5 niñas y 3 niños. 5 marselleses y 3 valencianos. 5 llegaron a edad adulta y 3, lamentablemente, no. Origen. Todos tenemos uno, incluso Lázaro Cayol. Vamos a ver el suyo...

Lazare Simon Cayol Lagier (Legier en algunos documentos) nació el 28 de Octubre de 1811 en Saint Zacharie (Var, Francia). Proviene de familias campesinas asentadas en Auriol (Bouches-du-Rhône, Francia), aunque su padre, en un primer momento, era un humilde mimbrero.

Nació en una época marcada por las epidemias y los escasos recursos médicos y sanitarios con efectos devastadores en la población, que se ensañaban principalmente con los más pequeños, situación que se agudizaba en las zonas rurales. Lázaro era el menor de cinco hermanos de los que solo dos (su hermana Marie Magdelaine Barbe y él mismo) llegaron a edad adulta. El caso de Lázaro y sus hermanos es un buen ejemplo de la esperanza de vida infantil de aquellos tiempos. Llegar a ser un adulto es prácticamente cuestión de suerte.

El nacimiento de Lázaro en Saint Zacharie parece ser ocasional, ya que la familia volvió muy pronto a Auriol para trasladarse posteriormente a Marseille, donde su padre cambió de oficio y pasó a ser dorador de metales.
Antes de cumplir los cuatro años de edad, Lázaro vivió uno de los momentos más trágicos de su vida: quedó huérfano de padre. Pero la forma en que se produjo el fatal suceso es espeluznante: Jean Joseph, padre de Lázaro, fue detenido el 8 de Agosto de 1815 junto a otras cuatro personas. Se le acusó de fabricar y poner en circulación monedas de oro y plata falsas. Por tal motivo, el 19 de Septiembre de ese mismo año el padre de Lázaro fue condenado a pena de muerte. Jean Joseph Cayol fue guillotinado el 18 de Noviembre de 1815 en Aix-en-Provence.
Lamentablemente, no he podido estudiar el expediente del sumario que acabó sentenciando a muerte al padre de Lázaro Cayol, ya que solo se puede hacer presencialmente en la sala de lectura de marsellesa del Archive Départemental de Bouches-du-Rhône. Ciertos detalles lo convierten en una asignatura pendiente. La primera cosa que llama mi atención es que J.J. Cayol fue el único condenado a la pena capital, por lo que se le debió considerar el cabecilla de la trama pero ¿cómo es posible que un precario mimbrero reconvertido en dorador de metales, hijo de unos humildes campesinos y que apenas acierta a garabatear su apellido lidere una red de falsificación de monedas? Pero no solo eso, el padre de Lázaro fue detenido en agosto, juzgado en septiembre y ejecutado en noviembre. No perdieron el tiempo. Yo tampoco lo he perdido. Sylvain Larue es un polifacético parisino que se hizo popular gracias a un concurso televisivo. Como aficionado es músico, intérprete y compositor. Como profesional es un prolífico novelista. Pero Sylvain tiene otra faceta: es el administrador de L'Art de Bien Couper, una web donde, sin hacer apología de la pena capital, estudia la historia del uso de la guillotina y los ajusticiados por este método en Francia. Esta web es el resultado de más de 15 años de investigación sobre el tema por parte del escritor galo, que ha reflejado parte de sus conocimientos en algún libro. Sylvain conoce perfectamente la ejecución de J.J. Cayol y la tiene incluida en su listado, pero porque fue publicada como era habitual en la época. Tampoco ha estudiado el expediente. No obstante, cuando le pregunté a este experto que me podría encontrar en el expediente del sumario no dudó en indicarme que seguramente se trataría de una pieza muy escueta dada la brevedad del proceso. No sé que concepto tendrán ustedes de escueto, pero sabiendo (como sé) que el expediente abarca más de 250 folios no lo calificaría precisamente así. Por último, otro detalle que llama mi atención es que en el sumario identificaron a J.J. Cayol como hijo de Joseph cuando en realidad su padre se llamaba Joseph François Xavier, siendo Xavier el nombre que solía emplear, el apellido de su madre consta como Maurel cuando en realidad era Maurin y por último el apellido Maurin sí queda registrado pero como si fuera el de su esposa, cuando ya sabemos que su esposa en realidad se apellidaba Lagier. Ignorando bajo que circunstancias, estos errores tuvieron que ser lo bastante significativos como para que su viuda tuviera que enmendarlos 3 años más tarde mediante otro proceso judicial, tal como queda anotado en el margen izquierdo del registro de defunción del padre de Lázaro Cayol y del que conseguí más información gracias a la genealogista marsellesa Selma Cayol. Puede que se tratara de simples errores, pero me sorprende la ligereza que tuvieron a la hora de identificar a un hombre al que acusaban de delitos tan graves como para decapitarlo.
Sea como fuere, si en aquel entonces el simple hecho de llegar a una edad adulta ya era una difícil empresa, a Lázaro Cayol se le complicaron las cosas aun más con la ausencia de un cabeza de familia. La mortandad que acarreaban las epidemias y deficiencias sanitarias también era habitual en la población adulta, por lo que los que enviudaban se volvían a casar entre si, formando una nueva familia con los hijos que ambos cónyuges habían tenido con sus difuntas parejas y los que estaban por venir, frutos del nuevo vínculo. Pero la madre de Lázaro Cayol, rozando la cuarentena, no volvió a contraer matrimonio nunca más. Se quedó sola, a principios del siglo XIX, y a cargo de una adolescente y un niño. Las esperanzas de Lázaro Cayol de alcanzar alguna cota de éxito eran ínfimas, pero seguro que las adversidades que le tocó vivir y superar en su niñez fueron las que le forjaron una actitud trabajadora e inconformista que iba a arrastrar el resto de su vida.

Lo próximo que sabemos de Lázaro es que siguió residiendo en Marsella, junto a su madre y su hermana. Formaron parte de un grupo bien avenido con dos características: la mayoría eran procedentes de La Ciotat, una villa portuaria relativamente cercana, y la mayoría ejercían el oficio de peluquero, incluido Lázaro.
Fruto de estas relaciones, la hermana de Lázaro contrajo matrimonio en 1831 con Joseph Louis Frémin, un peluquero originario de La Ciotat, hijo de un marinero fallecido.
Lázaro encontró a su compañera de fatigas ideal en la persona de Marie Pascale Victoire Deidier Cayol, nacida en La Ciotat el 27 de Febrero de 1811, con la que se casó el 23 de Octubre de 1832. Mª Victoria, al igual que J.L. Frémin, era hija de un marinero fallecido. El suegro de Lázaro pereció en 1831 en Santiago de Cuba. Anteriormente había servido como suboficial de La Royale durante más de 25 años.

El idílico entorno familiar duró poco debido al repentino fallecimiento de una de las dos hermanas de Mª Victoria y a la marcha de la hermana de Lázaro, con su marido, a Argel.
En 1834 Lázaro dejó de ser peluquero para dedicarse a la fabricación de pelucas (emulando a José Lagarda, otro cervecero afincado en Valencia que intentó paliar las calvicies ajenas). Ese mismo año pereció la primera hija de Lázaro y Mª Victoria, nacida un año antes, y el 24 de noviembre nació la segunda: Antoinette Victorine. Años más tarde se le conocería como Antonia.

La ocupación de Lázaro como fabricante de pelucas no duró mucho. En Enero de 1837 el matrimonio y su hija residían en la Caserna de la Aduana de Marseille (no se sabe exactamente desde que fecha), donde Lázaro había conseguido una plaza como oficial de aduanas, oficio que mejoró la posición social y económica de la familia. Pero no podemos averiguar nada de la nueva vida de Lázaro. Los expedientes relativos a aquella época están desaparecidos y mucho me temo que no se encontrarán jamás.
Lo único que podemos constatar es la descendencia del matrimonio en esa época, que no es poco: allí nació su tercera hija en 1837, fallecida un año después. También nacerán 2 varones: Joseph (que posteriormente será conocido como José Cayol), el 9 de Agosto de 1838. Y Jean Joseph Víctor, el 23 de Enero de 1841.
A pesar de no contar con datos oficiales sobre la trayectoria de Lázaro en la Aduana, queda constancia de un proceso contra un tal "señor Cayol, maître portefaix" de la Aduana de Marsella, a finales de 1841, por una supuesta mala praxis de la que sale libre de culpa, pero que pudo precipitar su salida de la Aduana y, ya de paso, de Francia. Entrar a trabajar en la Aduana no era fácil, abandonarla tampoco. Lázaro Cayol no volvería a trabajar nunca más por cuenta ajena. Lázaro Cayol tuvo un origen. ¿Lo ven ahora?
Aduaneros franceses de 1828. Grabado de Ernest Fort de 1911.

LOS CAYOL LLEGAN A VALENCIA
Uno de los cuatro libros de mi colección que nombran a Lázaro Cayol se titula Desarrollo y crecimiento. La industrialización valenciana. 1834-1914. Se publicó en 1995 y su autor es Francesc Andreu Martínez Gallego, Catedrático de Periodismo de la Universitat de València. En esta obra se asevera que Lázaro Cayol instaló su fábrica de cerveza a finales de la década de los 50 en la calle Nueva de Pescadores. Las obras del profesor vicedecano no se toman a broma: han sido citadas unas 300 veces en libros, artículos y tesis doctorales. Por este motivo no es de extrañar que muchos crean que Lázaro Cayol tuvo que llegar a Valencia sobre la fecha que este libro señala que se fundó la cervecera (a finales de los 50). Frío, frío... Volveremos a tratar este libro más tarde.
Otro de los libros del "grupo de los cuatro" en el que Lázaro Cayol está presente se titula Valencia en la revolución (1834-1843): Sociabilidad, cultura y ocio. Se publicó en 2002, un año antes de que su autora, junto a otros jóvenes investigadores valencianos, llevaran a cabo una iniciativa poco original pero muy eficaz como medida de protesta contra su precariedad laboral: posar desnudos en un calendario. Se agotaron. Actualmente Ivana Frasquet es profesora titular del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat de València. Con ella me puse en contacto cuando aun era más pipiolo que ahora en estas lides para que me orientara en la búsqueda de fuentes. Le indiqué que tenía interés en la información que da en su libro, donde advierte que en el periodo que comprende la obra ya se están formando nuevas industrias en Valencia, nada habituales en la época, como las cerveceras. En realidad eso yo ya lo sabía. Mi interés radicaba en la referencia que hace de Lázaro Cayol en su libro, aunque no se lo dije. No creo que Ivana Frasquet tuviera intención de referenciar al cervecero galo. Es más: creo que ni siquiera era consciente de haberlo hecho. Obvié el tema. La cita en cuestión es un anuncio insertado en el Diario Mercantil de Valencia del día 12 de noviembre de 1843 que dice lo siguiente:

Tiro de pistola, situado en el exconvento de San Juan de la Ribera, camino del Grao. Se previene á los Sres. Aficionados que dicho está abierto todos los dias desde las siete de la mañana hasta la noche. 

¿Lo han visto? ¿ven a Lázaro Cayol? ¿no? Pues es el que ha insertado el anuncio. Les pondré en situación, con ayuda de los registros civiles. De los registros civiles de los hijos de Lázaro Cayol hay dos que cuentan con versión francesa y valenciana. Uno es el registro de defunción de Jean Joseph Víctor, que murió el 8 de julio de 1842. Pero el óbito no tuvo lugar en Marsella. El chico murió de dentición en Valencia.
Efectivamente, en esas fechas los Cayol ya residían en la ciudad del Turia. Concretamente estaban instalados en el desamortizado convento de San Juan de la Ribera, donde Lázaro Cayol había arrendado una parte a su propietario, Pedro García Agüero.
¿Qué impulsó a Lázaro Cayol a trasladarse a Valencia con su familia? Ni idea. En esta ciudad no lo esperaba nadie, no contaba con familiares ni vino contratado por ninguna empresa. Seguramente su oficio en la aduana marsellesa, donde frecuentemente zarpaban y arribaban barcos que admitían carga y pasaje y que tenían el puerto levantino como uno de sus habituales destinos, le proporcionó la suficiente información para que se interesara por esta ciudad. Y nada más llegar volvió a cambiar de oficio, instalando en el mismo ex-convento de San Juan de la Ribera una suerte de club de tiro deportivo.
En ese mismo convento, entre fogonazos y olor a pólvora, nació el 11 de noviembre de 1842 otra hija del matrimonito Cayol-Deidier: Marie Emilie Fernanda, más conocida como Emilia.
Tanto la defunción de Jean Joseph Víctor como el nacimiento de Emilia fueron registrados en el consulado francés de Valencia y remitidos posteriormente a Marsella. En ellos no se nombra la dirección específica de los Cayol y en el espacio reservado para la ocupación del padre dice sans profession (sin profesión). Pero en el Registro Civil Provisional de Valencia se indica claramente que fue en el desamortizado convento donde murió uno y nació la otra, que era la residencia de la familia y que la profesión de Lázaro Cayol era la de maestro y director de tiro con pistola. ¿Lo ven ahora?

No estamos finalizando la década de los 50 ni en la calle Nueva de Pescadores. Es 1844 y Lázaro Cayol sigue residiendo, junto con su familia, en el exconvento de San Juan de la Ribera. Sigue regentando el club de tiro y lo seguirá haciendo una vez abandone su primitiva ubicación. Pero es en este año cuando monsieur Cayol se inicia como fabricante de cerveza. Vamos a verlo:

El establecimiento de despacho de cerveza sito en la calle de Campaneros, se halla desde hoy bajo la direccion de un nuevo propietario. Este se ha propuesto montarlo bajo un pie de curiosidad, aseo y brillantez, al paso que de superioridad en los articulos que espende, que nada deje que desear á los que se sirvan frecuentar dicho establecimiento.
Ademas de la cerveza, que será de la calidad superior como lo acreditará la esperiencia, habrá á disposicion del público, limón helado, horchata y chocolate, y demas articulos que anteriormente figuraban.
Advirtiendo por último, que el precio de una botella grande de la citada cerveza superior, es de 2 rs., y el de la botella pequeña 1 real.
Transcripción de un anuncio publicado en el Diario Mercantil de Valencia el día 16 de mayo de 1844.

¿Pero qué pasa, tampoco ven a Lázaro Cayol ahora? Lo sé, este hombre mantuvo la manía durante mucho tiempo de no citarse en los anuncios que insertaba. Y tardó bastante en quitarse el mal hábito que, por cierto, a mi me ha llevado por el camino de la amargura durante esta investigación. No pasa nada. Volvamos a los registros. El 10 de julio de 1844, en el ex-convento de San Juan de la Ribera, nació Teresa Carlota Ángela Cayol Deidier, a la que familiarmente llamarán Teresa. Pero su papá no indicó que era director de tiro con pistola (que también lo era), si no que hizo constar que era fabricante de cerveza.
Lo que se anuncia no es un despacho al uso, se trata más bien de una cervecería donde, además de servir la consabida bebida, también se puede degustar chocolate, horchata, sorbetes, helados... De hecho se trata de la primera cervecería de la que se tiene constancia en Valencia, aunque no use esa denominación. Era una extensión del negocio original: la fábrica de cerveza contigua. Su primitivo dueño era el francés Luis Alegre, que la instaló en 1837. A Luis Alegre, amén de ser el primer gran fabricante de cerveza en Valencia, se le puede considerar el introductor de los refrescos gasificados de limón y naranja en España, por los que apostó muy fuerte; y por ende, el máximo promotor de lo que hoy en día muchos conocemos como clara (o champú en Tarragona...). Lázaro Cayol no solo se hizo con su negocio en 1844, sino que no cambió la apuesta comercial de Alegre, con la que obtuvo, en su quinto oficio, popularidad y fortuna. Eso si, en un principio es un negocio humilde, quizá estacional. Ni sombra de lo que llegó a ser con su anterior propietario. Lázaro Cayol es un novato, un intruso. Ya aprenderá. En todo caso, y por lo tanto, Lázaro Cayol comenzó su andadura como fabricante de cerveza en 1844 y en la calle de Campaneros. ¿Lo ven ahora? ¿sí? ¡perfecto!

Lázaro y Mª Victoria aun tuvieron un último hijo. Nació el 5 de marzo de 1846 y, aunque oficialmente se llamaba Pedro, fue bautizado haciendo honor a su onomástica y todo el mundo acabó conociéndole como Adrián. La dirección que consta en su registro es el Camino del Grao, pero no especifica si la familia aun residen en el ex-convento o ya lo habían abandonado. Creo que no tardarán en hacerlo debido a la instalación en este edificio y por esas fechas de la fábrica de estambres Planqué, Bigné, Miralles y Cía. Tampoco nos aporta mucho la profesión reconocida por Lázaro Cayol a la hora de registrar el nacimiento de Adrián, simplemente indica del comercio.

Avancemos hasta 1848 y retomemos el libro de Martínez Gallego donde nos explica, de manera sorprendente, que en ese año no había ninguna fábrica de cerveza en Valencia, señalando como fuente a Madoz. Intenté, sin éxito, ponerme en contacto con el profesor para aclarar esta fuente y alguna cuestión más de parecida índole.
Mi interés radica en que Madoz solo se puede referir a Pascual Madoz e Ibáñez y su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, una ingente obra de 16 tomos publicada entre 1846 y 1850.
A Valencia le llega el turno el el tomo XV y en el año 1849. Creo que Marínez Gallego cita 1848 porque llega a la misma conclusión que yo: muchos de estos libros se publican con datos del año anterior. La cuestión es que esta obra sí contempla una fábrica de cerveza en la capital valenciana (página 358). O se me escapa algún dato o aquí nuestro catedrático cometió un pequeño error.
Según Madoz, Valencia también contaba en aquel entonces con una cervecería.

Huelga decir que estoy totalmente convencido que la fábrica de cerveza que en 1849 operaba en Valencia era la de Lázaro Cayol. Otra cosa es saber donde se encontraba por aquel entonces. En algún momento se trasladó a la calle Nueva de Pescadores. No me cabe la más mínima duda que se aprovechó la ocasión para dotarla de nueva maquinaria y mejorar la producción. Pero no dejó de ser un traslado de una cervecera ya existente.
Lamentablemente, Lázaro Cayol no estaba muy por la labor de anunciar su industria cervecera en prensa, por lo que ni siquiera puedo asegurar que se trasladara directamente desde la calle de Campaneros a calle Nueva de Pescadores sin pasar por otra ubicación intermedia.
Quizá la respuesta la tenga Federico Saura Quiles. También intenté contactar con él y también fracasé. Federico Saura es el autor del tercer libro, titulado Entre dos tiempos. La Valencia de 1900. Se publicó en 2014 y se puede adquirir por un precio muy módico en formato ebook. Se trata de una novela donde el protagonista da un salto atrás en el tiempo y aparece en la Valencia de 1900, donde conoce y se enamora de la Condesa de Ripalda. En un momento dado de libro, bien descrito y correctamente ambientado, la Condesa lleva a Eduardo, el protagonista, al café Cayol y le explica un poco la historia del café y la fábrica de cerveza contigua. Según la Condesa de Ripalda de este libro, la fábrica de la calle Nueva de Pescadores se inauguró en 1856. ¿Sabe algo el autor de este libro que yo desconozco? Ni idea. En el mismo libro, la Condesa de Ripalda también afirma que esta fue la primera fábrica de cerveza que hubo en la ciudad de Valencia...

Federico Saura no anda muy desencaminado. El traslado de la cervecera pudo ser hacia mediados de la década de los 50. Lo que tengo claro es que no fue a finales de la década. Me explico:
A diferencia de la cervecera, Lázaro Cayol si que llevó a cabo diversas campañas de publicidad en prensa para anunciar su club de tiro, el cual ya se había trasladado a una ubicación de nombre sugerente para el ex-oficial de aduanas: Plaza de la Aduana.
Durante el primer lustro de los 50, y durante los primeros meses de cada año que comprenden este periodo, Lázaro Cayol insertó publicidad en la prensa relativa al club de tiro donde anunciaba nuevas competiciones, nuevas armas, nuevos premios...

Diario Mercantil de Valencia. 9 de mayo de 1854.
Y hasta aprovechó para montar un negocio paralelo de depóstio venta de cemento y cal hidráulica.

Diario Mercantil de Valencia. 29 de septiembre de 1855.
Pero en 1856 Lázaro Cayol decide vender el negocio que tanto había mimado. Incluso se desprende del cemento y la cal hidráulica que aun tiene en depósito para su venta. La fábrica de cerveza ya está operativa en la calle Nueva de Pescadores. Y parece ser que, junto con el café que regenta Lázaro, es lo bastante absorbente y lucrativa como para que a su dueño no le quede ni tiempo ni energías para emplear en otras empresas ni negocios.

Diario Mercantil de Valencia. 2 de abril de 1856. 

Soy plenamente consciente que en el párrafo anterior he dicho café. Los cafés eran sitios donde las clases acomodadas acudían a tomarse una bebida homónima u otra consumición, jugar al billar (casi todos los cafés estaban dotados de este juego) o a otros juegos (a veces prohibidos), a discutir, a conspirar o a disfrutar de un concierto de guitarra o bandurria. Lázaro Cayol instaló un café contiguo a la fábrica de cerveza, no es ningún secreto. Fue más tarde, también es cierto. Lo que si es casi un secreto es que Lázaro Cayol ya regentaba un café antes de poner en marcha el contiguo a la fábrica de cerveza. Es tan secreto que ni siquiera sé de cual se trata.
En el Manual del viagero y guia de los forasteros en Valencia, de Vicente Boix y publicado en 1849, se citan los cafés Europa (calle del Mar), Teatro (calle de las Barcas) y el de la Cruz (calle del Miguelete). En la Guía novísima de Valencia, de Filiberto Abelardo Díaz y publicado en 1861 ya no existe el de la Cruz y a los dos restantes, que siguen funcionando, se suman el Arnau (calle de Zaragoza), del Cid (plaza de la Constitución), del Comercio (calle de San Vicente), Nuevo Mundo (calle del Mar), Oriente (calle de Zaragoza) y de la Palma (calle de las Barcas). Ni rastro de ningún café Cayol en la calle Nueva de Pescadores. ¿No ven el café de Lázaro por ningún sitio, verdad? No, yo tampoco.
Muchos se anuncian en prensa durante la década de los 50. Algunos cambian de dueño (hay dueños con más de un café). En unos pocos ya se puede pedir cerveza y bebidas gaseosas (botella grande de cerveza y botella grande de limonada de gas, para soplarte una clarita de dos cuartillos (más de un litro) por 3 reales). Pero en muy pocos anuncios, por no decir casi ninguno, se cita el nombre del dueño del establecimiento.
En 1855 Antonia, la hija mayor de Lázaro Cayol, pasa por el altar. En el correspondiente registro de matrimonio el padre de la novia dijo que su profesión era cafetero. En 1855 Lázaro Cayol ya tenía un café. ¿Lo ven ahora?

En 1857 llegó a la ciudad un enigmático personaje al cual seguro que se lo rifaron entre alguna empresas y que puede que acabara trabajando para Lázaro Cayol o puede que acabara en la competencia.

Diario Mercantil de Valencia. 9 de julio de 1856.
He dicho competencia para aprovechar la ocasión de desmentir, de una vez por todas, la creencia que se tiene que la industria de Cayol no tuvo competencia durante sus primeros años. Vamos por partes. Cuando Lázaro Cayol llega a Valencia ya hay dos fábricas de cerveza: La que el hereda de Luis Alegre y la de Francisco Scheli. Bien es cierto que la segunda no durará muchos años y que Cayol, en un principio, será durante un tiempo el único (y muy modesto) fabricante de cerveza valenciano. Pero cuando se afirma que Lázaro ostentó el monopolio cervecero valenciano durante los primeros años se dice partiendo de la inexacta base que su industria comenzó a finales de los años 50. Este dato es más falso que las monedas que supuestamente falsificaba el padre de Lázaro Cayol. 
En la Estadística administrativa de la contribución industrial y de comercio publicada en 1857 con datos de 1856 constan, a nivel estatal, 41 fábricas de cerveza con 46 calderas. Dos de estas fábricas, con una caldera cada una de ellas, quedan encuadradas en Valencia. Aquí podemos apreciar como las fábricas de cerveza han asumido casi por completo la fabricación de bebidas gaseosas, ya que como tales solo hay declaradas 10 fábricas (7 de ellas en Barcelona) a pesar que en aquel entonces el consumo del conjunto de las bebidas gaseosas era muy superior al de la cerveza.
Si avanzamos cuatro años, hasta 1861, nos damos de bruces con la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio que arroja los siguientes datos: en Valencia hay 2 fábricas de cerveza que cuentan con 13 trabajadores. Y eso que aun quedaban un par de años para que empezara a funcionar La Alemana. Lázaro Cayol  tuvo competencia. ¿Lo ven ahora?

En 1858 la cervecera de Lázaro Cayol empieza a conseguir tal éxito que le obliga a importar botellas ya que la industria local es incapaz de abastecer su creciente necesidad, al tiempo que la Kreisler Kreybig, empresa de la que surgió Fábrica de cerveza La Alemana (futura y voraz pero amistosa competencia de Cayol en un futuro), continuaba su actividad todavía ajena al mundo cervecero.

El Valenciano. 20 de junio de 1958.

En 1862 Lázaro Cayol abandona su timorata actitud ante la publicidad y su nombre empieza a visualizarse. Lo hace a lo grande, en el Anuario General del Comercio, de la Industria y de las Profesiones de 1862, de Luis Marty Caballero. Este anuario empezó a editarse en 1861 pero solo con datos de Madrid. En 1862 la de Lázaro Cayol es la única fábrica de cerveza de fuera de la capital que se anuncia en esta guía. Otro dato que nos aporta esta publicación: la fábrica de la calle Nueva de Pescadores hacía las veces de expendeduría catres de viaje, puede que fabricados por el consuegro de Lázaro, el herrero Vicente Carbonell.

Anuario General del Comercio, de la Industria y de las Profesiones. 1862

A finales de mayo de 1863 una tormenta eléctrica azotó Valencia con fatales consecuencias para Lázaro Cayol. Un rayo cayó en el edificio donde estaba instalado su café, contiguo a la fábrica de cerveza, donde se encontraban bastantes clientes. El incidente fue lo bastante importante como para tener repercusión en infinidad de dirarios (El Contemporáneo, La España, El Clamor Público, El Correo de Málaga, Diario Mercantil de Valencia, El Correo de Mallorca...). Según las crónicas, el rayo abrió una enorme brecha en el alero superior de la fachada, destrozando unas 200 tejas y se ramificó, sepultándose una parte en el suelo de la calle, dejando a su paso otra enorme grieta junto a la puerta de entrada. La otra parte saltó por el alambre del telégrafo del ferrocarril, llegando hasta la oficina del mismo, donde tres empleados se llevaron la peor parte.

Diario de Córdoba. 23 de mayo de 1863.

Vamos a ver un hecho que para mi sigue siendo un enigma y al cual no he sido capaz de darle una respuesta:
El 11 de noviembre de 1863 el Capitán general de Valencia dictó sentencia en relación a unos autos seguidos en el Juzgado de la Capitanía general de la ciudad. Salvador Font y Clavería había demandado a Lázaro Cayol por el pago de 1200 rs. Nuestro cervecero fue absuelto y Salvador Font fue condenado al pago de las costas pero le reservaron el derecho de repetir demanda contra el galo por el mismo motivo si Mariana de la Escosura se declaraba insolvente. Tal cual.
Salvador Font apeló al Tribunal Supremo de Guerra y Marina. El juicio debía repetirse, pero en Madrid. Lázaro Cayol no se presentó. Ni siendo declarado en rebeldía el súbdito francés consiguió su demandante ganar el juicio. El Tribunal Supremo de Guerra y Marina dictó sentencia el 9 de enero de 1864, ratificando el dictamen dado en Valencia pero, claro está, aumentando el importe de las costas que debía asumir Salvador Font. 
¿Quién era Salvador Font y Clavería? No tengo ni la más remota idea. Hubo un tal Felipe con los mismos apellidos que era organista en Madrid. También había un Salvador Font en Mataró (Barcelona) que era el propietario de la Fábrica Mataronesa, dedicada a la elaboración de gaseosas, naranjadas, limonadas y depósito de cerveza.
En cuanto a la deuda, ¿era Lázaro Cayol el fiador de Mariana de la Escosura y pretendía el acreedor que el cervecero hiciera frente al pago o era al revés? 
Por otra parte, dada la singularidad del apellido, la mujer referida debe ser Mariana de la Escosura y Morrogh, hermana de Patricio (que fue ministro plenipotenciario) y de Luis (químico e ingeniero de minas) y esposa de Francisco de Paula López y Noriega. Pero ¿de qué se conocían Lázaro Cayol y Mariana de la Escosura y que intereses tenía esta última en Valencia?
¿Cómo se iba a declarar insolvente Mariana de la Escosura, estamos de broma? ¿porque un juzgado militar? ¿cuál era el concepto de la deuda?
Lo poco que se conserva en el Arxiu del Regne de València relativo al Juzgado de la Capitanía general es muy anterior a esta época y en el Archivo General Militar de Segovia no tienen nada referente a este juicio. Lo único que se conserva es la sentencia que fue publicada en la Gaceta de Madrid del 12 de febrero de 1864, de la cual ya conocen todos los datos.

Del blog Postales de Valencia, por cortesía de Paco Gascó Ferrer.
En 1864 comprobamos que la cerveza que elabora en aquel momento es una pale ale, muy apreciada por aquel entonces en Valencia. Ya llegaban cervezas de Strasbourg y Alemania, pero por aquel entonces en la capital del Turia la cerveza de importación más demandada era la inglesa Bass

Diario Mercantil de Valencia. 5 de enero de 1864.
1868 fue un mal año para Lázaro Cayol. El 23 de marzo murió Mª Victoria, la esposa del cervecero. Quizá fue este duro golpe el que le hizo tomarse un respiro cediendo la dirección de la fábrica temporalmente a su hijo Adrián, el que se encontró al frente de la misma cuando estalló La Gloriosa, con varios operarios de la fábrica implicados y la producción paralizada. De ello quedó testimonio gracias a la oposición popular a la candidatura electoral, en 1903, de Juan Bautista Algarra, otro fabricante de cerveza que en sus inicios se había formado en la fábrica de Lázaro Cayol.

El Pueblo. 3 de noviembre de 1903.
Quizá fue este hecho, la predilección de Lázaro por delegar la dirección de la cervecera en su hijo Adrián, por delante de su hermano mayor José lo que propició que este último decidiera emanciparse y montar su propia fábrica de cerveza y bebidas gaseosas en el edificio que fue Casa de la Penitencia y que hasta 1867 albergó la Gran Asociación de Beneficencia, en la plaza de la Libertad.

En 1872 la calle Nueva de Pescadores, donde estaba ubicada la fábrica de cerveza de Lázaro, pasó a llamarse Ribera en honor del pintor Lo Spagnoletto. A día de hoy aun conserva esta denominación.

En 1877, Lázaro Cayol estaba en el tramo final de su carrera. Es en ese momento cuando su popularidad, no pretendida pero inherente al éxito alcanzado, se hace palpable en Valencia. El otrora peluquero marsellés amasó, a base de duro trabajo y un inconformismo fuera de serie, una importante fortuna gracias, sobretodo, a las limonadas que elaboraba en su fábrica de cerveza. La apuesta que inició su antecesor, Luis Alegre, y que continuó Lázaro Cayol fue todo un acierto. Todo esto no pasó desapercibido a los valencianos. Muestra de ello lo podemos apreciar en la obra Melonar de Valensia ; cabótes i calaveres: galeria de retratos de personaches selebres dibuixats a la ploma, en serio y en broma y en lenguache bilingüe. Se trata de de un libro de caricaturas literarias mediante falsas décimas, publicado en 1877 por dos insignes autores: El periodista y escritor José Francisco Sanmartín y Aguirre y el escritor y activista valencianista Carmel Navarro i Llombart, más conocido como Constantí Llombart. En el mismo, tras caricaturizarse el uno al otro, los autores no dejan títere con cabeza de cualquier celebridad valenciana, independientemente de su ámbito. Lázaro Cayol, parodiado por Llombart, aparece en el puesto 19.

Falsa décima dedicada por Constantí Llombart a Lázaro Cayol en la obra Melonar de Valensia; cabótes i calaveres: galeria de retratos de personaches selebres dibuixats a la ploma, en serio y en broma y en lenguache bilingüe. 1877. Fuente: Biblioteca Valenciana Digital (BIVALDI). Enlace: http://bivaldi.gva.es/es/consulta/registro.cmd?id=122
Traducción: Cayol gana tanto cuanto quiere /  vendiendo activo las famosas / limonadas gaseosas / que se llaman de Cayôl / Hace pensar a cualquiera / ya sea viejo o chaval / como en una empres tal / como la que este hombre ha emprendido / que al fin y al cabo de todo gas /  pueda hacerse un capital.

En 1878 Lázaro Cayol se hizo a un lado y le cedió la gerencia de la fábrica de cerveza a su hijo Adrián, en competencia directa con su hermano José. Un año más tarde, en 1879, los dos hermanos crearon una sociedad y unieron sus fuerzas, cerrando José su fábrica de la plaza Libertad. Es en ese momento cuando el padre les cedió también el café y se jubiló definitivamente. Tenía 68 años.

Anuncio insertado en el Anuario-almanaque del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración. 1880.
Lázaro Cayol falleció el 30 de junio de 1884. No descubrí que se había vuelto a casar hasta que encontré su esquela. De la que fue su segunda esposa no tengo el más mínimo dato.

El Mercantil Valenciano. 2 de julio de 1884.
Nada más morir el hombre comenzó a nacer la leyenda.

El Mercantil Valenciano. 2 de julio de 1884.
Por lo visto, alguien tenía mucha prisa por enterrar al viejo Cayol: según los datos de Cementerio General de Valencia, donde aun descansan los restos de Lázaro junto a los de Mª Victoria, su primera esposa (esperemos que eternamente), el cervecero fue inhumado un día antes de fallecer.
Pero, sin duda, los que más prisa se dieron en enterrar a Lázaro Cayol fueron Gumersindo Fernández Serrano y Enrique Ibáñez López, autores del cuarto libro titulado Comercios históricos de Valencia publicado en 2017. No entrando a valorar el resto del libro, y reservándome la opinión que me merece el capítulo dedicado a otra fábrica de cerveza valenciana (La Esmeralda) para otra ocasión, estos dos licenciados en Historia de envidiable currículo ofrecen una decepcionante y supuesta crónica de la cervecera de los Cayol. Digo supuesta porque de las poco menos de cuatro páginas que le dedican, las dos primeras sirven para una innecesaria introducción de la industria cervecera patria, sin duda destinadas a rellenar un enorme hueco producido por la carencia de datos. Por si fuera poco, la otra parte que sí habla de Cayol cae, uno por uno, en todos errores e inexactitudes que suelen ser típicos cuando se habla de esta familia, hasta meterse en un frondoso jardín donde intentan explicar los últimos años de la cervecera sin tener la más mínima idea y con una nula y manifiesta falta de investigación. Como guinda a semejante despropósito, a Lázaro Cayol me lo matan, ni más ni menos, en 1879. El currículo de un historiador debería valer para certificar la capacidad de realizar una investigación, no para dar por buenas cuantas historias se quieran contar sin documentarlas debidamente.

Esta es, a grandes rasgos, la historia de aquel niño que vio como decapitaban a su padre y que posteriormente consiguió pasar de ser un humilde peluquero marsellés a director de un club de tiro valenciano en menos de una década y que acabó revolucionando el panorama cervecero de la capital del Turia. Sea como fuere, Lázaro Cayol ha sido, es y será una leyenda del mundo cervecero. ¿Ahora lo ven?


CARA B: STOLZ Y EL HIELO
Que Lázaro Cayol tuvo muchos empleados es de sentido común, pero no se puede finiquitar esta historia sin mencionar, por su trascendencia, a uno de ellos: el químico Otto Albrecht Stolz Schürmann. A los aficionados a la pintura o a los conocedores del nomenclátor urbano de Valencia no les pasará desapercibido tan célebre apellido debido a los pintores valencianos Ramón Stolz Seguí y su hijo Ramón Stolz Viciano. No en vano, Otto fue padre del primero y abuelo del segundo.
Ya sabemos que pintaban Ramón Stolz junior y senior, pero ¿qué pinta Otto en esta historia? Su relación radica en el segundo gran matrimonio de la fábricas de cerveza, tras el contraído con las bebidas gaseosas: el hielo.
Creía yo, iluso de mi, que contarles esta parte iba a ser coser y cantar, y aquí me tienen: buscando dedal y padeciendo afonía. Para ponerles en antecedentes me remitiré, por la excelencia de lo detallado, a la tesis doctoral de Esther Enjuto Castellanos (El pintor Stolz Viciano - 2003, de recomendadísima lectura). 
En los Discursos leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la recepción pública de Don Ramón Stolz Viciano se dice que Otto Stolz instaló, en 1865, la primera fábrica de hielo habida en Valencia y en toda España, para Adrien Cayol, hombre de negocios francés dedicado a la cerveza. Siguiendo esta teoría, algunas fuentes dicen que, tras acabar su cometido, volvió a su país natal mientras otras indican que se marchó a Castellón. Y ambas concluyen con la vuelta a la fábrica de Cayol en 1871. 
Cuando andaba yo con esta información, ya de por si de pesada digestión, me tropecé con el trabajo de la señora Enjuto y la cosa se complicó aun más al comprobar que la autora señala en su tesis, además de lo ya mencionado, que mientras Eduardo López-Chávarri (amigo personal del matrimonio Stolz-Viciano) había asegurado que Otto se había dedicado al comercio de oleografías y afines instalando tienda en la calle Calabazas, el erudito Manuel González Martí contó que la modesta posición de la familia fue la que obligó a Ramón Stolz Seguí a trabajar, a edad muy temprana, en dicha tienda de oleografías pero que en realidad estaba ubicada en La Plaza de la Virgen y que era propiedad de José Valenti. Visto lo visto, ¿trabajó Otto Stolz para Lázaro Cayol?
Como no me gustaba como pintaba la cosa, osé perturbar la paz hogareña de don Vicente Torres Tena, sobrino de Ramón Stolz Viciano, para ver si había algún dato que se me escapaba. Don Vicente, que es la amabilidad hecha persona, me transmitió que, sin conocer el año, Otto llegó a Valencia desde Baviera contratado para trabajar en la fábrica de cerveza y hielo de Cayol. Al inquirir yo si el contrato era para la fábrica de hielo, el hombre no cayó en la trampa y volvió a repetir categóricamente "cerveza y hielo". También me aseguró que Otto, desde que fijó su residencia en la capital del Turia, ya no se movió. Ni regresó a su país ni jamás residió en Castellón.
Vamos a ver que sacamos en claro de todo esto...
Es cierto que la primera fábrica de hielo se instaló en Valencia, pero ni fue en 1865 ni en ella estuvo involucrado Lázaro Cayol (ni mucho menos su hijo Adrián, que con tan solo 17 años estaba en poca disposición de contratar a nadie). La nueva industria fue obra de Francisco de Paula Rojas y Caballero-Infante, era propiedad de la sociedad Caja Banco de Previsión, estaba ubicada en la calle del Mar y se instaló en 1863. Lo que al principio se reveló como un próspero negocio, tuvo un problema de desarrollo insalvable: los impuestos. Hacienda, siempre tan perspicaz y viendo el filón, gravó el hielo artificial como artículo de lujo. Teniendo en cuenta el coste de la materia prima y la maquinaria necesaria, gravarlo de esta manera lo dejaba en una clara desventaja ante el precio de la nieve natural y convertía su comercialización en inviable. El asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados, donde en 1866 Enrique Puigmoltó Mayans, vizconde de Miranda y a la sazón diputado por el municipio valenciano de Enguera, presentó una exposición del tema remitida por Antonio Suárez, que era gerente de la Caja Banco de Previsión, para intentar una rebaja de impuestos.
Con todo, un año antes (1865) la Caja Banco de Previsión había arrendado la fábrica del hielo a la sociedad Pículo, Conchillo y compañía, comandada por Tomás Pículo y Juan Bautista Conchillo. Este arriendo concluía, en principio, en 1868.
En lo referente al matrimonio entre la cerveza y el hielo, nos cuenta Fernando Beltrán Cortés, en su libro Apuntes para una historia del frío en España (1983),  que la primera fábrica de cerveza estatal que utilizó una instalación frigorífica para la obtención de hielo artificial necesario en sus procesos de elaboración fue la S.A. Damm en 1870. Si sorprendente es la fecha en la que según Beltrán la S.A. Damm no solo ya existía sino que era capaz de producir hielo artificial, más sorprendente es que el autor sitúa como segunda cervecera, en 1872, a la Camps y Kuentzmann (precursora de la Damm). En defensa del autor, que se hace un considerable lío elucubrando si fue antes la gallina o el huevo, alegaré, como él mismo explica en su libro, que remitió dos cartas a la S. A. Damm solicitando información de las que jamás recibió respuesta y que el chivatazo se lo dio otra cervecera: El Águila.
La verdad es que los Cayol no empezaron a comercializar hielo artificial hasta 1883.
Así que mi teoría es que Otto Stolz trabajó en la primera fábrica de hielo, no desde su inicio, si no que llegó a Valencia en 1865 de la mano de Pículo y Conchillo, para recalar posteriormente en la fábrica de cerveza de Lázaro Cayol. No me atrevería a decir que Otto pasó a engrosar la plantilla de Lázaro Cayol en 1868, dada la difícil situación por la que pasaba la fábrica al enviudar su propietario y estallar La Gloriosa, pero teniendo en cuenta que Otto Stolz contrajo matrimonio con Amparo Seguí en 1871 (lo que delata una cierta estabilidad en la capital del Turia) seguramente fue antes de esa fecha. De lo que no cabe duda es que Otto Stolz tuvo un papel relevante en la fábrica de cerveza de los Cayol, hecho documentado gracias a una suscripción en favor de las víctimas de la inundación que afectó gravemente a Murcia y Orihuela en 1879, con Lázaro Cayol recién jubilado y los hermanos José y Adrián a cargo de la cervecera.

El Comercio. 30 de octubre de 1879.
Podemos apreciar que Otto ocupa el cuarto puesto de la lista, por detrás de los hermanos Cayol y de José Delmas, que por sus capacidades estaría a cargo de la administración y finanzas de la empresa, y con un donativo idéntico a este último. Por todo ello, se puede llegar a la conclusión que Otto Stolz ocupaba el cargo de director técnico de la fábrica de cervezas y bebidas gaseosas.
Otto Stolz tenía un trabajo cualificado y una remuneración acorde, por lo que se me hace muy difícil llegar a imaginármelo atendiendo al respetable en una tienda de oleografías. Y dado que el dato es de 1879, cuando su hijo tan solo tenía 7 años, queda desmentida la información aportada en su día por Manuel González Martí que indicaba que Ramón Stolz Seguí comenzó a trabajar a edad temprana por necesidad. Por lo que en el caso de haber debutado a corta edad en el mundo laboral habría sido por sus cualidades intrínsecas y no por otro motivo. Y lo habría hecho en el establecimiento de Enrique Casarico ubicado en la calle Calabazas número 3; porque Jose Valenti, además de tener sus negocios instalados en la Plaza de la Congregación (actual Plaza San Vicente Ferrer), Plaza de la Merced (prácticamente incrustada en la calle Calabazas) y en la calle Calabazas número 28 (donde precisamente años atrás, siendo el número 26, si hubo un negocio de estampas, dibujos, marcos y afines conocido como "tienda de los suizos") a lo que se dedicaba era al sector textil (tejidos, lencería...). Por contra, Valenti no tenía ningún negocio en la Plaza de la Virgen. Y todo eso sumado a que el joven Stolz, todavía siendo alumno de la academia San Carlos ya vendía sus cuadros a buen precio y que con tan solo 20 años se adjudicó una medalla de tercera clase, por unanimidad del jurado, en la Exposición de Bellas Artes de 1892 celebrada en Madrid por su cuadro Cercanías de Porta Coeli.
Pero lo más curioso de todo es que Otto Stolz si tuvo un negocio, entre los años 1896 y 1900 (seguramente en estado de prejubilación), en la calle Calabazas número 11 que nadie ha mencionado jamás. Tratándose de Otto Stolz el negocio no podía ser otro: una cervecería.
Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración. 1900.
La dirección donde Otto ubicó su cervecería no debe suponer ninguna sorpresa, ya que según la Guía del Archivo de la antigua Academia de San Carlos 1781-1910 (Eduardo Báez Macías - 2003) es la misma donde estaba domiciliado su hijo mientras era alumno de esta institución, por lo que la familia ya residía en ese edificio.
Otto Albrecht Stolz Schürmann falleció en la calle Sevilla de Valencia a los 74 años el 29 de junio de 1910, sobreviviendo a Lázaro Cayol 26 años y un día. Antes de morir, fue inmortalizado por su hijo Ramón Stolz Seguí.

Retrato de Otto Stolz Schürmann pintado por su hijo Ramón Stolz Seguí. De la colección, y por cortesía, de Ramón Soria Torres (por mediación de don Vicente Torres Tena).
Para entender la magnitud del arte de los Stolz, aun siendo un perfecto ignorante en la materia (como yo), les propongo un reto: si consiguen acceder a la Sala de Fueros del Ayuntamiento de Valencia, intenten mantener la boca cerrada ante el asombro que les va embargar, sin lugar a dudas, cuando observen totalmente atónitos las pinturas al fresco que lucen las paredes de la estancia, obras de Ramón Stolz Viciano, hijo predilecto de la ciudad, llevadas a cabo justo antes de fallecer el 25 de noviembre de 1958.

Sala de Fueros del Ayuntamiento de Valencia donde se aprecia la obra de Ramón Stolz Viciano. Imagen por cortesía de ValenciaBonita.es


BONUS TRACK: LAS HIJAS DE LÁZARO
El apellido Cayol de la rama que Lázaro inició en Valencia se extinguió, puesto que sus hijos varones, José y Adrián, no tuvieron descendencia. Aun así, las probabilidades de la existencia, a día de hoy, de algún descendiente directo de Lázaro son elevadas gracias a sus hijas, ya sea en Valencia o en cualquier otro punto geográfico. Pero el tiempo transcurrido, la falta de datos, las trabas burocráticas y la carencia de un apellido referencial hace harto difícil la empresa de localizarlos.  Las chicas, hay que decirlo, jamás tuvieron participación ni directa ni indirecta en los negocios ni de su padre ni de sus hermanos varones.
La suerte que corrieron las hijas de Lázaro que he podido documentar es la siguiente:

-Antonia. La mayor de todos los hermanos contrajo matrimonio con el entonces sirviente Vicente Carbonell Quintana el 25 de agosto de 1855. Poco se sabe de su vida. Puede que acabara residiendo en Sagunto, donde ya se habían trasladado sus suegros. Sin conocer el año, puedo afirmar que fue la primera de las tres hermanas en fallecer. Tuvo 3 hijas:
1-Emilia, muy cercana a su tío Adrián Cayol, fue uno de los máximos apoyos que tuvo su viuda, Enriqueta Obiol, al fallecer este en 1901.
2-Teresa, casada en 1882 con el labrador del municipio castellonense de Caudiel Joaquín Navarro Montolio, fallecido en Valencia en 1921.
3-Victoria, casada con Bernardino Valls Aliaga. Su marido regentaba un taller de imprenta y litografía en la calle Cabilleros que posteriormente trasladó a la calle Pascual y Genís  y un comercio de papelería y objetos de escritorio en la calle del Mar. Bernardino participó activamente en la Feria de Julio de 1907 erigiendo uno de los típicos gigantes de cartón que adornaban estas fiestas junto a su papelería, que representaba al nieto del Tío Nelo. En 1910 Victoria y Bernardino fueron agraciados con el segundo premio de la Loteria Nacional. Victoria recibió un duro golpe en 1917 ya que en tan solo 4 meses enviudó y sufrió la pérdida de su tía Emilia Cayol, con la que la unía una gran relación hasta el punto que convivían bajo el mismo techo. Se da la circunstancia que el marido y la tía de Victoria compartían la misma catadura moral y se secundaban en sus respectivas causas benéficas. Tras la muerte de Bernardino, su viuda se hizo cargo de la imprenta y de la papelería. Estos negocios fueron transferidos en 1919, por un breve periodo de tiempo, a la sociedad en comandita Navarro y Roca tras el cual volvieron a manos de Victoria Carbonell, que falleció en Valencia el 3 de marzo de 1937.

-Emilia: Fue la más mediática de las tres hermanas gracias a la generosidad que mostró en incontables causas benéficas. De profundas creencias religiosas, tuvo un gran afán por mantener unida a la familia, ejerciendo de conciliadora ante las rencillas y tensiones, que las hubo, entre varios de sus miembros. En 1865 contrajo matrimonio con el droguero Ramón Romaguera Castillo, del que enviudó en 1889. Residió los últimos años de su vida con su sobrina Victoria Carbonell Cayol y el marido de esta. Falleció en Valencia el 21 de junio de 1917. Al igual que sus hermanos José y Adrián, no tuvo hijos.

-Teresa: Se casó en 1868 con el industrial sedero Vicente Bellido Chambó, del que enviudó en 1899. No conozco el año de su defunción, pero forzosamente tuvo que ser la última de los cinco hermanos en fallecer, ya que sobrevivió a su hermana Emilia. Murió, presumiblemente, en Buñol. Tuvo 3 hijos:
1-Emilio, fallecido a los pocos meses de nacer.
2-Vicente, nacido en Valencia 1873. Regentó un secadero de pasas en Alginet, junto a dos socios, negocio que acabó en los tribunales. En 1899 consiguió una plaza como oficial de telégrafos que le llevó a residir en varias localidades a lo ancho y largo de toda la nación. En 1918 montó una academia preparatoria en Madrid dirigida a los aspirantes a oficial de telégrafos, que trasladó en 1920 a Valencia, con poco éxito. Con la proclamación de la Segunda República regresó a Madrid, donde ocupó el cargo de Jefe de Administración de tercera clase del Cuerpo de Telégrafos. En 1936 se da de alta como socio en la escuela de escalada S.E.A. Peñalara. En 1938, en plena Guerra Civil, residía en Barcelona donde era Jefe de Administración de tercera clase del Cuerpo de Telégrafos e Instructor de Expedientes del Centro de dicha ciudad. Da la causalidad que en esa misma época y ciudad residía Enrique Obiol, sobrino político de Adrián Cayol, que fue uno de los últimos propietarios de la cervecera valenciana (Vicente Bellido fue el familiar escogido para presidir el entierro de Adrián Cayol en 1901). En este punto le pierdo el rastro. Tenía una pésima relación con su hermana Amparo.
3-Amparo, muy cercana a su tío José Cayol. Casada con el militar Luis Arrate Navarro, que participó, como teniente del Regimiento Vizcaya 51, en la Guerra de la Independencia cubana (1895-1898) lo que le valió el ascenso a capitán y la condecoración "cruz de primera clase de María Cristina con distintivo rojo". Luis Arrate falleció en 1915 con el grado militar de teniente coronel. Amparo Bellido Cayol falleció el 31 de julio de 1951 y posiblemente fuera la última Cayol.

En su día dejé pendiente la cuenta de dedicarle la entrada del otro cervecero valenciano que también se dedicó a paliar calvicies ajenas (siendo el primero José Lagarda) al otro causante de este blog. Hoy puedo cumplir mi promesa.

Entrada dedicada a José Ramón Sanz Climent "Spiderman", cofundador de Birrapedia y, por extensión, a su esposa Della González ya que soy incapaz de discernir donde empieza el uno y acaba la otra. 

ENTRADAS RELACIONADAS:
-LUIS ALEGRE, A TODO GAS EN VALENCIA (Y EN MADRID)
-OBIOL, HARDY Y LIERMANN: LOS ÚLTIMOS "CAYOL" DE VALENCIA

MIS AGRADECIMIENTOS A:

✩Sylvain Sywan Laure. Escritor y administrador de L'Art de Bien Couper. París (Francia).
✩Jørn Fabricius. Administrador de The Guillotine Headquarters. Dinamarca.
✩Marie_Claire Pontier. Directora de los Archives Départementales des Bouches-du-Rhône. Marsella (Francia).
✩Selma Cayol. Genealogista. Marsella (Francia).
✩Sandrine Faure. Documentalista del Centre de Documentation Historique du Musée National des Douanes. Burdeos (Francia).
✩Christophe Loy. Documentalista del Service des Archives Économiques et Financières du Ministère de l'Economie et des Finances et du Ministère de l'Action et des Comptes Publics. Govern de la République Française. París (Francia).
✩José Benedicto Gamonal. Ejército del Aire. Tegestólogo, cervezólogo y administrador de Rubias, morenas, negras,... hablo de cerveza. Madrid.
✩Ivana Frasquet Miguel. Profesora titular del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat de València. Valencia.
✩Paco Gascó Ferrer. Miembro de Verum Valentia y coadministrador de Postales de Valencia. Valencia.
✩Esther Enjuto Castellanos. Jefa de la Sección de programas de movilidad de la Universitat de València. Presidenta de la Comisión de Género y Políticas de Igualdad de la Junta de Gobierno de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia. Valencia.
✩Rubén Tapias Parra. Administrador de ValenciaBonita.es. Alaquàs (Valencia).

Y MUY EN ESPECIAL A:

✩Vicente Torres Tena. Sobrino de Ramón Stolz Viciano. Castellón.
✩Ramón Soria Torres. Descendiente de Ramón Stolz Viciano. Castellón.
✩Javier Soria Torres. Descendiente de Ramón Stolz Viciano. Castellón.


FUENTES CONSULTADAS NO DESCRITAS:

-Archives Départementales du Var.
-Archives Départamentales des Bouches-du-Rhône.
-Extraits des Arrêts. Court Royale d'Aix. Troisème Trimestre de 1815.
-Compte de l'Établissement des Invalides de la Marine pour 1826.
-Bulletin des Lois du Royaume de France, IX Série. nº 63 à 86. Février 1834.
-Musée National des Douanes.
-Hadvard College Library.
-Journal de Jurisprudence Commerciale et Maritime. Tome XXI. 1842.
-Anuario General del Comercio, de la Industria y de las Profesiones. 1861.
-Anuario General del Comercio, de la Industria y de las Profesiones. 1863.
-Guía urbana de Valencia antigua y moderna dedicada a la Sociedad Económica de Amigos del País en el centenario de su instalación. Tomo II. Marqués de Cruïlles. 1876.
-Anuario-almanaque del comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración. 1879.
-Anuario-almanaque del comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración. 1880.
-Anuario del comercio, de la industrial, de la magistratura y de la administración. 1886, 1887, 1898, 1899 y 1900.
-Suplemento al "Boletín Oficial". 1895.
-Jurisprudencia criminal: colección completa de las sentencias dictadas por el Tribunal Supremo en los recursos de casación y competencias en material criminal. Volumen 57. 1897.
-Guía oficial de España. 1935.
-S.E.A. Peñalara. Tomo XXIV Año XXIV. 1936.
-La física y la química aplicadas en la Universidad de Valencia. Antonio Aucejo Pérez. 2011.
-Diario de las Sesiones de Cortes. Congreso de los Diputados. Legislatura de 1865 a 1866. Tomo III.
-Colección legislativa de España. Sentencias del Tribunal Supremo en su sala primera. Recursos de casación, admisión de los mismos y competencias en materia civil. Desde 16 de septiembre a 31 de diciembre de 1870.
-Parroquia madrileña de San Sebastián. Algunos Personajes de su Archivo. Matías Fernández García. 1995.
-Archivo Municipal de Valencia.
-Archivo de la Diputación Provincial de Valencia.
-Hemeroteca Municipal de Valencia.
-Biblioteca Nacional de España.
-Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu.
-Cementerio General de Valencia.
-Diario Mercantil de Valencia. 2 de abril de 1856.
-El Mundo Militar. 3 de julio de 1863.
-Las Provincias. 12 de junio de 1883.
-Gaceta de instrucción pública. 5 de diciembre de 1892.
-La Correspondencia de España. 3 de octubre de 1895.
-El Liberal. 31 de julio de 1898.
-Las Provincias. 21 de enero de 1899.
-Electrón. 28 de febrero de 1899.
-La Unión Católica. 12 de agosto de 1899.
-Las Provincias. 31 de agosto de 1902.
-La Correspondencia de Valencia. 1 de junio de 1907.
-La Correspondencia de Valencia. 21 de julio de 1907.
-La Correspondencia de Valencia. 27 de agosto de 1909.
-La Correspondencia de Valencia. 31 de mayo de 1910.
-Las Provincias. 2 de julio de 1910.
-El Imparcial. 9 de marzo de 1915.
-La Rioja. 16 de abril de 1915.
-La Correspondencia de Valencia. 16 de mayo de 1916.
-Las Provincias. 15 de julio de 1916.
-El Pueblo. 7 de febrero de 1917.
-Diario de Valencia. 5 de mayo de 1917.
-Las Provincias. 22 de junio de 1917.
-Las Provincias. 23 de junio de 1917.
-Oro de Ley. 3 de febrero de 1918.
-Oro de Ley. 7 de septiembre de 1919.
-Las Provincias. 18 de septiembre de 1920.
-Las Provincias. 4 de febrero de 1921.
-Las Provincias. 16 de marzo de 1927.
-Gaceta de la República. 19 de julio de 1938.